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MIS 16 GAYS (El semen que lubrica la ciudad) Primera 1Categoría: Orgias

Por gonzo | 2014-12-18 07:24:52 | 0 comentarios

Y estaba ahí, con mis 16 centímetros de erección, 16 igual que mis años de vida, emocionado y al mismo tiempo asustado, parado frente a la puerta del salón donde iba a iniciar mi vida gay, curioseando más que mirando tras su puerta de vidrio y su letrero luminoso que decía “El atracaxxxte”, no tarde mucho en ingresar, había un enano tras la recepción, al que le pregunté que debía de hacer para poder pasar, inmediatamente me dijo cuanto debería de pagar para ocupar “el piscinazo” que así se llama su salón principal, y no podía creer que debía de pagar para lo que me esperaba dentro de ese salón, pero en fin, lo hice.

Después de pagarle el importe que pedía, el enano me condujo al salón en cuestión, yo lo seguí por detrás como perro a su amo, abrió una doble puerta que eran como la entrada a una sala de cine y me dejo entrar. Se trataba de un amplio salón cuadrado sin ventanas, con dos puertas de acceso, una por donde me había ingresado el enano que era la más grande y la otra al otro extremo del salón de puerta simple, las paredes estaban pintadas del color de la madera, el piso era de mármol color piedra de río y en medio había una fosa del mismo color que parecía una piscina vacía, es decir sin una gota de agua. Una vez dentro mi guía me dijo que me prepara, cuando le pregunte como debería hacerlo, me respondió que desnudándome y se largó cerrando la doble puerta.

Di unos pasos y lo primero que me sedujo de ese lugar fue su olor a semen que parecía concentrarse en el aire. Lo primero que me quite fueron los zapatos y me metí a la fosa que había en medio, ahí parado en el centro me puse a contemplar aquel ambiente vacío y por el olor que circulaba y que parecía que se me impregnaba en el cuerpo, comencé a tocarme la verga encima el pantalón, sentía como se había mantenido erecta todo este tiempo, deslizaba mi mano por toda su extensión y la podía sentir casi palpitándome, me empecé a desnudar y quise hacerlo a la par que me masturbaba, por lo cual lo siguiente que saqué fue mi verga erecta abriéndome la bragueta, agarré mi verga con una mano y comencé a frotarla mientras que con la otra mano jalé mi ropa hasta descubrir mi pecho, pase mi mano por mis pezones y el poco pelo que tenía, luego por mis hombros hasta dejar libres de ropa mis brazos y la caída de mis brazos me condujo a tomar mi verga con ambas manos y darme una buena masturbada ahí parado, dándole duro con mis dos manos a mi verga dura hasta dejar la punta totalmente descubierta y luego jalar la piel de su alrededor a merced de mis manos hasta dejar rojizo el tallo de mi verga, así logré llegar a una gran excitación que casi hizo que eyaculara, pero antes que eso pasara, decidí meter mis manos más adentro y tomar mis testículos, uno en cada mano, sujeté bien mis pelotas y eso hizo que mi verga se sacudiera sola, llegue a sentir un aire frio en la punta de mi verga, ese mismo aire que estaba impregnado de olor a semen; y quise sentirme desnudo por completo para que ese olor tome mi cuerpo, así que dejé que mi pantalón cayera hasta abajo, luego con una mano bajé mi calzoncillo hasta que cayera abajo también y ya ambas cosas me las quite de entre los pies.

Sentirme desnudo con la verga totalmente erecta, en medio de esa fosa y ese ambiente vacío me hizo sentir como un niño indefenso y volví a tomar mi verga entre las manos, sacudía mi verga con ambas manos arrugando su piel, cubriendo y descubriendo la punta con cada sacudida; mientras me masturbaba con los ojos cerrados por la excitación que sentía, un goce exquisito de mi propio genital me llevo a sentarme en la fosa apoyando la espalda en el borde y seguir disfrutando de mi verga agitándola con fuerza hasta sentirla más dura y apuntando hacia arriba, de pronto escuché una voz grave que me decía “hazlo más fuerte, con todas tus ganas”, y ahí fue que abrí los ojos y vi que un grupo de hombres que se habían puesto a mi alrededor, estaban al borde de la fosa mirándome como me masturbaba, los conté a prisa y eran 15, todos traían puesto solamente su ropa interior, unos sus bóxer otros simplemente un calzoncillo, y todos al unísono tenían la mano metida tocándose mientras apuntaban sus miradas a mi verga, nunca había sentido que me miraran tanto.

A muchos de los que estaban sentados a mí alrededor se les notaba una verga tan dura como la mía, había negros, rubios, latinos, altos, gordos, jóvenes y maduros, hombres de todo tipo rodeándome, asechándome con sus miradas lujuriosas, excitados masturbando sus vergas dentro de su ropa interior, haciéndoselas parar hasta conmocionarse y mirándome con sus sonrisas pícaras. Hasta que todos se pusieron de pie y se comenzaron a sacar sus interiores y me los lanzaron a la cara como una lluvia de prendas íntimas masculinas. Y quedaron desnudos al igual que yo, con sus vergas colgando como mástiles de todos los grosores y formas, ver todas esas vergas rodeándome me hizo dar cuenta en lo que me había metido y aunque no me sentía preparado, si sentía que estaba en el momento y lugar correctos para lo que había decidido hacer. Y entonces le di el último manoteo a mi verga, en realidad fue una masturbación masiva de hombres, conmigo al centro como aperitivo del cual se iban a servir.

Si quieres leer completo éste y otros lujuriosos relatos incluidos en mi libro digital: “El semen que lubrica la ciudad” escríbeme a mi correo: ellibrodegonzo@gmail.com

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De repente, un extrañoCategoría: Trios

Por EvaManiac | 2014-12-18 05:51:03 | 0 comentarios

Me sentí algo perpleja cuando mi reciente novio Santi, con el cual aún no había consumado, me arrastró a casa de Akim, un chaval del que yo no había oído hablar nunca, pero que parecía ser su mejor amigo. Es precisamente por eso que me dejé llevar hasta la casa de ese desconocido.

Al entrar en el piso, de decoración mudéjar, exótica, y olor a incienso, no pude evitar fijarme en nuestro anfitrión. Era un tío grande, de origen árabe quizás, peregrino, tez oscura y semblante circunspecto, al estilo gigante de Tim Burton y, como primera impresión, distante y frío. Santi nos presentó y él mostró poco interés por la “nueva novia de su mejor amigo”. Ni un solo comentario de cortesía. Enseguida me sentí incómoda. Intenté hacerme la simpática y, mientras nos ofrecía un té, nos apalancamos en unos cojines de una sala que estaba completamente cubierta de adornos marroquíes aquí y allá. Era un espacio acogedor, pero aún no sé qué hacíamos ahí.

“¿Cómo dices que se llama tu novia?” le soltó Akim a Santi mientras se sentaba con nosotros bandeja en mano, sin osar mirarme siquiera.
“Ella es Eva, nos conocimos hace unas semanas en el Hora Cero. ¿A que es guapa?”, le preguntaba mientras me acariciaba la espalda.
“Sí, vas mejorando en gustos, ja ja ja”, se carcajeó.

Nada, como si yo no estuviera. Me parece a mí que Akim creyó que yo era la sierva de Santi, o vete a saber qué exactamente. No es que tenga prejuicios contra nadie, pero ahora mismo me estaba demostrando que para este tipo yo era un objeto más de la sala. Mala educación sistemática, machismo cultural... Me quería ir ya. Además, tenía ganas de estar a solas con mi nuevo novio. Llevábamos 2 semanas juntos y aún no había demostrado que me deseaba. Dos semanas sin sexo, sin pajas, sin estímulos... hacía que anduviera casi siempre excitada a todas partes. Pero con Akim en la habitación la libídine había muerto.

Charlaron durante casi media hora ignorándome por completo. Pero, inteligentemente, yo hacía casi el mismo tiempo que decidí jugar con mi iPhone, los Whatsapps y el Palabras Cruzadas... No estaba atenta en absoluto a lo que ellos decían, hasta que de repente Santi se levantó y me estiró de la mano hacia él para acompañarlo. “Menos mal, ya nos vamos” pensé aliviada.

“Te equivocas ‘Aki’, Lucía no estaba tan buena como Eva”, soltó el tío mientras me mostraba como un maniquí a la venta.

Yo alucinaba. El moro ahí tirado en su puff mirándome como si apreciara un saco de dátiles. Joder, qué humillante. Santi no dudó en tocarme el culo sobre mi falda de raso mientras me “vendía” al tipo más feo que he conocido en mi puta vida. Como si me interesara lo que opinara de mí el Akim este de los cojones... Los toqueteos disimulados de Santi en mi retaguardia sirvieron para relajarme un poco, así que decidí integrarme en el cachondeo levantando los brazos y doblando las rodillas a modo de expectación, como el movimiento final de una cheerleader en una peli yankee de pubescentes. Solo me faltó decir “tachánnn”.

Para mi sorpresa, Santi ocupó enseguida una plaza justo detrás de mí. Se movió de forma que, decididamente, ahí, estando los dos en pie, parecía que vendía una mercancía concupiscente, un producto lujurioso, objeto de deseo epicúreo y sensual. Y no iba muy desencaminada porque, aunque Akim solo sonreía desde su pedestal de plumas sintéticas, mi pareja empezó a acariciarme los muslos usando una posición que le permitía susurrarme fácilmente todo tipo de obscenidades, intrascendentes, que apenas recuerdo. Los movimientos que ejercían sus manos sobre ambas partes de mis muslos hacían que la tela de la falda se moviera sedosamente. Mi excitación acumulada durante estas últimas semanas empezó a aflorar cuando Santi besó mi cuello consiguiendo que, a pesar de mi resistencia inicial y el mal rollo que me transmitía Akim, me predispusiera a ser poseída ahí mismo, delante del coloso norteafricano.

“Sí que está buena, hermano”, dejó ir Akim mientras sorbía el té de su taza.
“Ya te he dicho que mi Eva es mi mejor adquisición”.

¿Adquisición? Estos tíos son peligrosos... me invadió una especie de inseguridad en ese momento. Tal vez dos semanas no eran suficientes para conocer bien a alguien. Pero sí se antojaba un espacio de tiempo más que intolerable para no follar teniendo novio. Es lo que decidí pensar para seguir adelante con el plan de mi guardaespaldas momentáneo. Si quería joderme ahí mismo, delante de Akim, yo no aportaría objeción alguna. En realidad, hasta me daba morbo que nos mirara alguien.

En total silencio Santi me tenía acorralada físicamente desde atrás. Sus caricias ya no solo abarcaban los muslos, también los hombros, los brazos, el cuello, todo mientras me besaba en un lateral del cuello primero, y luego en el otro. Yo evitaba la mirada directa con nuestro espectador, incluso cerré los ojos varias veces aprovechando el clímax que se estaba formando en la sala. Muy pronto acaparó mis senos con sus dos manos, encima de la blusa, y enseguida se vislumbraron mis pezones duros bajo la misma. Ni el sujetador pudo disimular esa vesania.

“Estamos poniendo a tope a Akim”, me cuchicheaba Santi al oído.

Yo seguí disfrutando del abrazo libidinoso de Santi que, lentamente, se atrevía con zonas más sensibles de mi geografía. Primero introduciendo una de las manos dentro de mi blusa a través de una apertura que ya se había encargado de construir; y después, al colocar la misma extensión entre mis piernas, levantando discretamente mi falda para abrirse camino. Llegó un momento en que yo ni siquiera era consciente de que había un golem de 2 metros admirando de qué forma Santi acrecentaba mi satisfacción. De vez en cuando recordaba ese detalle y abría los ojos para resituar a Akim en la habitación. Él seguía sentado en el suelo, con su espalda en la pared, mirando y escuchando con absoluta pasividad todo lo que estaba a punto de ocurrir ahí. La idea en sí me ponía tan cachonda que muy pronto empecé a respirar de forma abrupta, suspirando por el placer impuesto, anhelando ese espectador silente y desconocido.

Santi caminó detrás de mí muy lentamente, empujándome hacia el concurrente que, sin cortarse un pelo, ya tenía una mano frotándose el paquete sobre el pantalón vaquero. No me importó excitar a Akim, al contrario, eso multiplicaba mi propia fantasía. Ya estábamos apenas a un metro del corpulento personaje, y mi conductor empezó a centrarse seriamente en mi excitación. Delante de su amigo introdujo una mano bajo mi falda levantándola claramente para dirigirse hacia el interior de mi braga, usando el monte de Venus como única trayectoria. Directamente ofreció a Akim la deliciosa imagen de su mano invadiendo mi húmeda rajita bajo la tela que todo lo tapaba aunque mucho intuía. Mi exacerbación era ahora explícita. Cerré los ojos y me dejé hacer. Ya no me importaban los siguientes pasos de Santi. Estaba invadida por la lujuria y mis forzadas respiraciones eran ya gemidos muy claros de deseo. En una de las pausas Santi extrajo su mano de mi entrepierna para mostrarnos, juntando sus dedos pulgar e índice, el cable transparente de lujuria que formaba mi rocío.

Hubo un momento concreto, al límite de mi abrumadora situación, en la que abrí los ojos para ver a Akim ahí abajo, casi a la altura de la paja que me hacía Santi, pero esta vez con una novedad que no me esperaba. Vale, sí me esperaba: el jayán se había sacado la polla por la bragueta, un émbolo oscuro de cabeza sonrosada y tronco grueso que, incluso sobresaliendo de una apertura forzada, se antojaba enorme. Y así me lo hizo saber Santi:

“¿Has visto el pedazo de polla de Akim?”, me susurró cerca de la oreja.

La pregunta, así como el falo, eran dos conceptos grandilocuentes. Dos retóricas que quería apartar de mi mente. No estaba ahí para eso. Y entonces Santi nos acercó más a su amigo. Yo diría que ya casi podía olerme. Lo afirmo. Podía olerme. Yo misma me olfateaba ya. Akim solo tuvo que depositar su taza en la bandeja y alargar los dos brazos para acceder a mi ropa interior con sus propias manos. Así, deslizó mi prenda íntima brevemente hacia abajo mientras mi protector me abrazaba más fuerte desde atrás, pellizcando uno de mis pezones con cierta dureza. Tras dejar mi conejo parcialmente desnudo, Akim levantaba ahora mi falda con una de sus manos mientras pajeaba su enormidad cobriza con la otra. Yo aún no era consciente de ese detalle, pues estaba absorta en el placentero dolor que Santi propinaba a mis areolas mamarias.

“¿No te gustaría agarrar esa polla, Eva?”, me insistió Santi dos o tres veces al oído. En ninguna de ellas respondí.

Fue justo cuando mi novio me empujó de los hombros hacia abajo con la intención de arrodillarme en el suelo cuando Akim saltó de su asiento poniéndose en pie y haciendo bailar su taco carnoso de un lado a otro. Si estando sentado me pareció un trabuco, de pie, frente a mí, era un torpedo. Es curioso comprobar cómo un tipo de aspecto tan desagradable puede ofrecer un pene tan bonito. Era casi perfecto. Su color ocre emitía destellos mientras el robusto glande rosáceo brillaba y se tornó en un morado afrodisíaco. Santi seguía detrás de mí, levantado, acariciándome el pelo, mientras Akim soltó la ordinariez que me esperaba:

“Cógeme la polla, guarrita”, espetó el muy cerdo.
“Píllasela nena, pajéale como si fuera mi propia polla”. Caramba, si aún desconocía cómo era su propia polla...

Agarré ese proyectil con mi mano derecha sin conseguir rodearla del todo. Mis dedos no lograban tocarse en el abrazo manual. Pero lo importante es que ya estaba sujeta y que los movimientos eran los propios de un pajote en toda regla. Empecé suavemente, cuando aún se podía apreciar cierta ductilidad que, por supuesto, desapareció al cuarto o quinto movimiento, cuando el pollón de Akim era ya una barra de hierro incandescente en mis suaves manos.

“Joder, cómo pajea tu putita”, otro de sus comentarios execrables a los que yo hacía caso omiso.

Santi se había agachado a mi lado para besarme en la boca y, de paso, empezar a desnudar mi torso. Aún no sabía qué pretendía mi chico, pero un trío es lo que se me antojó más verosímil. Fuera lo que fuera, no pensaba besar a Akim. Ni dejaría que me sodomizara. Eso lo tenía claro.

Ya estaba desnuda de cintura para arriba y con el pene de Akim follándome la mano. De vez en cuando soltaba algún gruñido de satisfacción y yo aceleraba mis movimientos con la esperanza de que se corriera enseguida y pudiéramos irnos a casa. No estaba especialmente cómoda. Solo la extrema calentura de mis genitales me impedían salir de ahí por patas. Anhelaba el miembro de Santi dentro de mí y, de vez en cuando, con mi otra mano, lo buscaba sobre su pantalón. Pero él se apartaba para imponerme mayor atención en su amigo. Era una situación rara de cojones...


“Métetela en la boca, Eva”, me sorprendió Santi.
“Sí, chúpala bien adentro”, respondió el cerdo. “te vas a tragar toda mi leche”, añadió con una sonrisa escabrosa.

Santi me agarró suavemente por la nuca para acercar mi hocico al glande morado, hinchado, mojado y oloroso. Abrí la boca en un gesto de resignación y, con mis labios, abarqué la totalidad de la chola, deslizándolos por su fina superficie hasta abrazar por completo la cabeza de la verga.

“¡Arrrgh, qué pasada de boca! ¡No pares de chupar!”

Akim se irguió lo máximo que pudo con las manos en la cintura y con la intención de extraer de forma suprema toda la extensión fálica de su entrepierna. Mientras Santi, a un lado de mi altura, mantenía su mano en la parte trasera de mi cabeza para marcar el ritmo y la profundidad que debía regalar a nuestro anfitrión. Mientras yo me hallaba ahí, tragando carne, escupiendo saliva por las comisuras y con los ojos llorones, aún no entendía por qué Santi seguía vestido y dirigiendo el cotarro. Pero mi ignorancia ahora mismo poco importaba. Los movimientos eran cada vez más rápidos gracias a la aplicación de mi novio, y ya notaba el pollón de Akim casi en la campanilla de mi garganta. Solo cuando fingí una arcada se me permitió aflojar el ritmo de la mamada. Y Akim aprovechó el momento para sacársela por completo de mi gaznate y golpearme con ella en mis mofletes sonrosados. Los hilillos de saliva que llenaban por completo el eterno cilindro eran muy caracterísiticos de la situación.

“Diosss, qué boca tienes so guarra”.

“Plas, plas” sonaba su miembro golpeándome la cara y la frente. Y entonces Akim apartó a un lado a Santi, me levantó por las axilas como un saco de patatas y me llevó de la mano a través de un pasillo hacia una habitación indeterminada que resultó ser el lavabo. Durante el camino mis tetas bailaban al son de mi sprint, y su rabo se mostraba a un lado y a otro golpeando sus propias ingles. Entramos los dos y atizó la puerta con la intención de cerrarla quedando, no obstante, entreabierta. Se sentó en la tapa del inodoro y me atrajo hacia él, me subió la falda hasta arriba y con una mano apartó mi braguita para proceder a una penetración que yo misma tenía que controlar. Mis pies estaban ya a cada lado y, mientras él aguantaba la tela arrinconada yo agarraba su polla para metérmela, dejándome caer sobre ella lentamente. Grité esa incursión, pero seguí bajando más y más hasta que noté que hacía fondo en mis entrañas. Entonces me quedé ahí quieta, temblando, intentando asimilar ese objeto extraño dentro de mi ser. Y apareció Santi por la puerta.

“Voy a hacer que tu putita se corra varias veces”, largó Akim mientras respetaba mi cadencia física y psicológica.

Santi se quedó mirando fijamente el cuadro cubista que tenía frente a él. Por primera vez me pareció verlo excitado porque se llevó la mano a su paquete, pero sin ir más allá, de momento. Yo permanecía literalmente ensartada a un cebón vulgar e irreverente, y no lo puedo negar: disfrutando al máximo la clavada. Un momento que quise reanudar moviéndome, primero hacia los lados, obligando a mis paredes internas chocar con mi ocupante, y después arriba y abajo flexionando las piernas que descansaban en el suelo. A medida que mi coño se lubricaba más y más yo misma aceleré mis movimientos extrayendo de Akim varios gruñidos que mostraban una excitación en aumento. Entonces me agarró de la cintura con sus dos manos y cogió las riendas de la cabalgada. Yo solo pude descansar mis manos sobre sus hombros a la vez que disfrutaba viendo cómo me empalaba, cómo su rabo de toro salía cada vez más mojado y blanquecino de mi interior. Mi frenesí iba a desembocar muy pronto en un orgasmo que no quise hacer patente. Sin avisar, intentando evitar la satisfacción y orgullo de mi caballo, llegué a un orgasmo muy intenso que me hizo vibrar mientras yo misma me tapaba la boca con la mano. Pero fue inútil:

“Joooder... te estás corriendo, guarrita. Así me gusta”.

Caí exhausta sobre él. Notaba en mi entrepierna toda la humedad que yo había eyaculado. Me levantó decididamente por la cintura para desencajarme y salir de mi interior. Santi disfrutaba con interés aquello que aún él no había sido capaz de ofrecerme. Akim se puso en pie y me “invitó” a meterme de nuevo su tronco en la boca.

“Límpiala bien”, me encargó.

Me arrodillé sobre una toalla doblada frente a él y me introduje la tranca hasta el fondo de mi gaznate, pemitiendo mantener esa dureza extrema que momentos antes me había invadido hasta el alma. Me agarró la cabeza con sus dos manos y me folló la boca como si fueran las caderas de una ramera. Llegó un momento que las arcadas eran reales, y estaba deseando que el tipo descargara ya. Pero Akim no había acabado conmigo. Me levantó, me colocó contra la pila del lavabo para poder agarrarme a ella, y me empaló de nuevo, con tal dureza y violencia que llegué a levantar mis pies del suelo en cada embestida, siendo el único punto de apoyo mis manos y mi propia vagina. Me dio duro de verdad. Notaba cómo a cada sacudida tocaba el límite en mis entrañas. Sus gruñidos de placer y los chasquidos de nuestros sexos empapados me llevaron de nuevo al paroxismo. De repente noté cómo me introdujo uno de sus dedos por el culo, habiéndolo lubricado primero con los líquidos que conseguía. Esa conquista furtiva de mi zona anal concluyó cuando grité de puro placer y él entendió que eyaculaba de nuevo. No se equivocaba y aceleró los vaivenes de la follada a la vez que me palmeaba sonoramente mi trasero. Empecé a temblar de forma convulsiva, mis pies se movían sin control, mis brazos temblaban sin apenas fuerzas para seguir sosteniéndome. Akim paró de golpe y se quedó quieto dentro de mí, notando mis contracciones, cada una de ellas acompañada de un agudo gemido que no pude evitar. Permaneció dentro de mí hasta que sintió cómo me relajaba poco a poco y, entonces, prosiguió lentamente, con mucha cadencia. Rápidamente se la sacó por completo de mi interior generando un “flop” muy sonoro. Sentí un gran alivio debido a la hipersensibilidad de mi zona genital.

“Date la vuelta Eva, me voy a correr en tu cara”. No me esperaba otra cosa, sinceramente.

Obedecí, me puse de cuclillas frente a él y me pidió que le pajeara para descargar sobre mí. Se la agarré con una mano mientras con la otra me sujetaba en equilibrio. Le masturbé con fruición y con mi lengua le lamía el glande hinchado, a punto de explotar.

“¡Uff, no pares, que ya me corro!”
“Dame tu leche”, le animé yo, contra todo pronóstico.

Esa última frase fue el summum para él y, a la vez que soltaba el gruñido más grave y definitivo, comenzó a descargar sus chorros de esperma sobre mi jeta: uno, dos, tres, cuatro, hasta cinco borbotones de semen espeso y albino me cruzaron la cara desde el pelo hasta la barbilla durante los bombeos de mi mano, que no se rendía. Solo pude ver la primera de las salvas, ya que enseguida cerré los ojos y la boca para ofrecerme de recipiente. Todavía le salían las últimas gotas de semen cuando me metí el glande en la boca, pero él lo sacó para golpearme otra vez las mejillas y esparcir su leche por toda mi superficie facial, a modo de brocha.

“Hostia puta, cómo te he puesto”.
“Hostia puta Eva, cómo te ha puesto el tío”, replicó Santi.

Me negaba a ser la única que no viera el trabajo abstracto que Akim concibió sobre mi tez, así que me levanté para mirarme en el espejo:

“Hostia puta tío, cómo me has puesto”.

Fin

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MañaneroCategoría: Sexo en familia

Por Cachonda | 2014-12-18 04:34:23 | 0 comentarios

Como todas las noches tanto mi novio como yo dormimos ligeritos de ropa. A mí me gusta dormir en bragas, y depende de la ocasión me suelo poner alguna camiseta. En esta ocasión llevaba una camiseta y unas mini-braguitas, mientras que mi novio solamente llevaba puestos sus calzoncillos.
Los dos solemos trabajar mucho y a veces terminamos nuestros trabajos más tarde de lo normal por lo que hay noches en las que no tenemos tiempo de disfrutar de nuestros cuerpos y esta era una de esas noches. Yo llevaba ya bastante tiempo dormida cuando mi novio llegó a casa y apenas me he dado cuenta de cuando se metió en la cama, recuerdo vagamente un beso suyo en la nuca y un “buenas noches princesa”.
Por las mañanas yo me suelo despertar antes ya que empiezo a trabajar más temprano que él pero esta mañana me desperté incluso antes de la hora habitual, había tenido algún sueño algo más subido de tono aunque no recuerdo exactamente lo que había soñado, solamente puedo decir que me desperté con la respiración entrecortada, los pezones duros y tenía mis braguitas empapadas. Como si se tratará de un acto-reflejo deslice mi mano por mi vientre y la metí dentro de mis braguitas hasta sentir toda la humedad de mi coño, estaba mojada y caliente. Empecé a tocarme y lentamente empecé a acariciarme el clítoris, notando como cada vez estaba más y más mojada. Estaba tan cachonda que no dude en empapar uno de mis dedos con mis flujos y metérmelo poco a poco dentro de mi vagina, empecé con un movimiento suave y lento, aumentando el ritmo lentamente. No me podía creer lo cachonda que estaba y a todo esto, mi novio dormía plácidamente a mi lado, pero tenía que hacer algo, llegue en un punto en el que no me bastaba con masturbarme, quería que me comieran el coño, que me follaran salvajemente, así que sin hacer demasiado ruido y sin moverme demasiado me deslice entre las sabanas y suavemente le baje el calzoncillo a mi novio. Sin dudarlo cogí su polla con mi mano y empecé a lamérsela, a todo esto él seguía dormido. Yo ya no podía más y empecé a chupársela más y más rápido y según se la iba chupando notaba como su polla aumentaba considerablemente de tamaño en mi boca, es una sensación increíble notar como una polla se pone cada vez más dura dentro de mi boca. En un momento dado, mi novio abre los ojos y me mira fijamente mientras yo no paro de mamársela, por su mirada me doy cuenta de lo cachondo que está él también. En ese momento él me dice: “Cariño, así da gusto despertarse, me encanta cuando estas así de cachonda.” Y yo sin más le dije que disfrutará.
Yo seguí a lo mío, él estaba tumbado y yo de rodillas en la cama chupándosela como si no hubiera mañana y al mismo tiempo con una mano acariciando mi coño empapado e introduciendo primer uno y después dos dedos que movía dentro de mi coño mojado siguiendo el ritmo de mi mamada. El me acariciaba el pelo y me miraba fijamente, cosa que me pone cachondisima y por lo que veía y por lo que sentía él también estaba bastante cachondo. Según iba jugando con mi lengua en su miembro me di cuenta de que ya le faltaba poco para correrse así que sin pensarlo demasiado abrí la boca y deslice mis labios todo lo que pude por su polla, aumente tanto el ritmo que llegó un momento en el que me dijo que ya no podía aguantar más, que se iba a correr, eso me volvió loca y chupe como nunca. Tenía la polla empapada con mi saliva, que rica que estaba y poco a poco empecé a notar como le palpitaba la polla, signo de que estaba a punto y de repente todo eso explotó en mi boca, me llenó la boca de su leche calentita que empezaba a deslizarse por mis labios mientras yo seguía chupándosela. Me encanta esa sensación, notar su leche caliente dentro de mi boca y ver cómo va empapando su polla mientras se la chupo.
Después de todo esto mi novio me propuso ducharnos juntos para limpiarnos todo su semen que él tenía encima y yo en la boca y la cara. Yo la verdad es que en ese momento me quede con ganas de más, me quede con ganas de que me follara pero también gustó ver cómo había terminado él.
Entramos al baño, me quite la camiseta y las bragas que estaban empapadas, él ya venía desnudo y nos metimos a la ducha. Una vez dentro abrimos el grifo y dejamos que el agua caliente recorriera nuestros cuerpos y mientras yo me giraba para coger el jabón, mi chico me abrazó por la espalda y me dijo: “Gracias por despertarme así, me ha encantado abrir los ojos y ver cómo me la chupabas, pero no te creas que esto ha terminado.” En ese momento yo volví a notar como mi coño empezaba a mojarse de nuevo, me eché para atrás y apoyé mi espalda contra su pecho, él me tenía agarrada por la cintura y mientras iba subiendo sus manos hacía mis pechos me besaba el cuello, eso me vuelve loca y él lo sabe. Notaba su respiración en mi oído y mientras me lamía el cuello, eso me ponía cachonda así que empecé a restregar mi culo contra su polla, la que note que otra vez se estaba poniendo dura. En ese momento el seguía jugando con mis pechos pero subió una mano a mi boca, yo le chupe uno de los dedos y acto seguido él lo llevo a mi entrepierna, y deslizó su dedo entre mis labios y llegando hasta mi clítoris, estaba mojadisima y el aprovecho para meterme el dedo en mi coño poco a poco. Sin darme cuenta me dio la vuelta y se arrodillo, me puso una pierna encima de su hombro y empezó a lamerme el coño, que sensación más rica uhmmmmm, me encanta como me come, me vuelve loca su boca, yo siempre he sido muy activa sexualmente pero ninguna otra pareja me hacía un sexo oral tan bueno. Ahí estaba el, jugueteando con mis labios, con mi clítoris, y poco a poco iba subiendo el ritmo, yo disfrutaba como nunca, jadeaba como nunca, le pedía más y más y le pedía que lo hiciera más rápido, el obedecía y me lamia el clítoris cada vez más rápido y cada vez más fuerte hasta que mis piernas empezaron a temblar, pero a él le gusta jugar, notaba que estaba a punto de correrme así que me chupaba y me lamia el coño rápidamente, pero justo en el momento adecuado bajaba el ritmo, eso me volvía loca, yo no quería que parara, quería correrme pero a él le gusta hacerme sufrir. Yo le decía que no parara y el me preguntaba “¿Qué es lo que quieres?”, yo le decía “¡Más rápido!”, pero no me hacía caso, hasta que en un momento le dije “Cómeme el coño lo más rápido posible, como tú sabes, quiero correrme en tu boca, no me hagas sufrir más”, él ya me hizo caso y me lamia el coño y el clítoris con más fuerza y más rápido que nunca, mis jadeos empezaron a sonar más fuerte y de repente el éxtasis, me corrí como una loca, gritaba sin parar y el ahí seguía chupando todos mis flujos. Yo no podía más, no tenía fuerzas en las piernas y cuando pensé que ya había terminado todo me dijo: “ahora solo falta que te folle, quiero follarte”, me cogió, me puso mirando la pared y mientras el agua de la ducha corría por nuestros cuerpos el cogió su polla que ya estaba durísima y la coloco a la entrada de mi vagina. Me la fue metiendo poco a poco y diosssss que gustoooo, me encanta que me follen por detrás, me encanta sentirme sucia y me encanta que jueguen con mis tetas mientras me follan. No os podéis imaginas lo mojada que estaba, cosa que se aprovechó al máximo, su polla se deslizaba dentro de mí y notaba cada embestida suya, notaba como su polla chocaba con los laterales de mi coño mojado. Mientras el me follaba y me agarraba las tetas y me sujetaba con una mano a la pared mientras que con la otra me acariciaba el clítoris, para mí es un placer indescriptible masturbarme mientras me follan. Llego un momento en el que el jadeaba cada vez más fuerte, y yo estaba ya a punto de tener un orgasmo así que le pedí que me follara más fuerte, el obedeció y aumentó el ritmo, el sonido que hacia mi culo contra su cuerpo era cada vez más fuerte, tuve un orgasmo tremendo y poco después empecé a notar algo caliente dentro de mi, me di cuenta que él también se había corrido , así que el ritmo empezó a bajar hasta que al fin saco su polla mientras que toda su leche se deslizaba por mi coño.
Los dos teníamos la respiración entrecortada, nos dimos un fuerte beso y terminamos de ducharnos, pero antes de irnos decidimos que había que repetir más a menudo los polvos mañaneros.

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A ras de sexoCategoría: Trios

Por EvaManiac | 2014-12-17 07:40:29 | 0 comentarios

Cuando empezó a masajearme los pies para "relajármelos", según decía, noté cómo esa supuesta inocencia me subía por la médula espinal a modo de excitación. Por supuesto, mantuve la compostura que esas situaciones exigen ya que, al fin y al cabo, estaba ahí para hacerme un tratamiento de pedicura con uno de los más reputados podólogos de Barcelona. El problema es que su avanzada edad (unos 50 le echaba yo) no consiguió mermar mi acaloramiento, más bien al contrario. En mi foro interno creo que el morbo iba creciendo tantos puntos como dedos tenía yo en mis pies. Hubo un momento que no supe cómo colocarme para disimular alguna que otra exhalación.

Mientras tanto, el doctor, inmerso en su rutinaria maestría con las manos, solo se centraba en aquello para lo que vine. Yo no estaba muy segura de qué hacer en ese momento. Era consciente de que en cualquier momento soltaría un gemido de placer, y eso me avergonzaría muchísimo. Intenté guardar las formas y apaciguar mi excitación moviendo mi trasero nerviosamente sobre la silla modernista de terciopelo. Recuerdo que llegué, incluso, a cerrar los ojos durante algunos segundos, varias veces, y solo esperaba que el doctor no se hubiera percatado de ese detalle.

Mis leves movimientos compulsivos habían deslizado mi falda por encima de mis rodillas. La tela que, hasta el momento, me había cubierto mis vergüenzas decimonónicas, se había desplazado hacia arriba, lo cual me llevó a plantearme una osadía que aún hoy me sorprende: decidí separar un poco las rodillas para ofrecer la oportunidad de dejar vislumbrar mis bragas a aquel que estaba justo delante de mí absorto en la terapia. Si soy sincera, no esperaba que esa sutil pretensión mía tuviera consecuencias en absoluto. Es más, imagino que probablemente por eso que me atreví a hacerlo.

Justo en ese momento el doctor soltó mi pie derecho y me comentó que "le tocaba al otro". Se levantó del taburete y, a la vez que se incorporaba para desplazarse, colocó el asiento a mi izquierda para proceder con el pie de ese lado. La diferencia es que, en esta ocasión, se lo puso sobre su rodilla derecha "para sentirse más cómodo". Es justo lo que mi subconsciente llevaba deseando desde hacía decenas de minutos. Al ubicar el pie por encima de mi propia cintura, la visión de mi ropa íntima era inevitable tras haberse movido intencionadamente la tela que antes la cubría por completo.

El masaje del pie izquierdo fue algo más suave, más cadencioso, con una paciencia que alargaba el tempo de forma insoportable. Estaba tan exacerbada ya que, casi sin quererlo, separé un poco más mis rodillas dejando más a la vista el escudo de mi intimidad genital. Y, sin poder controlarlo, solté un pequeño gemido que enseguida tuvo su reacción:

-"¿Te estás excitando bastante, verdad?"
-"Creo que me estoy excitando demasiado, doctor".
-"Es normal, los pies son una zona muy erógena, y su manipulado talentoso es realmente erótico. Espero que no estés muy incómoda. Yo estoy acostumbrado".
-"No es eso…"

No supe cómo acabar la frase. "¿No es eso?" Joder, qué lumbreras soy. La auténtica verdad es que la indiferencia de ese tipo, junto a la profesionalidad y dedicación por lo suyo, me ponía más caliente aún. Hirviendo, en verdad. Al tener las piernas un poco separadas, y una de ellas más elevada que la otra, notaba cómo mi coño empezaba a humedecerse en serio. Era la primera vez que sentía físicamente el deslizar de mi flujo desde dentro hacia afuera. Era consciente, por lo tanto, de que en algún momento u otro se me iban a mojar las bragas por la zona más explícita. Eso si no lo estaban ya. Y él a lo suyo. Aunque no tanto:

-"Te estás poniendo realmente cachonda, Eva. Esto ya no es simple excitación. No es que me importe, al contrario. Eres muy hermosa y me halaga que, a mi edad, aún pueda poner así a una veinteañera tan guapa como tú".

Dios, esto me ratificó que, efectivamente, ya tenía el escudete mojado. Yo no podía verlo, lógicamente, las leyes de la Física me lo impedían, pero lo deduje tras ese comentario tan "halagador". Yo estaba ya desbocada sexualmente, pero reprimida por la vergüenza de la situación. El propio doctor se encargó de romper el hielo:

-"Acabo ya con este pie, también, porque veo que estás mojando tus braguitas con tanta agitación".

Sin palabras. Se levantó de nuevo y clavó el taburete de diseño justo entre mis dos pies. Con una de sus manos separó un poco mis piernas, que ya descansaban en el raso, y desplazando mis rodillas un poco, una a cada lado, se sentó otra vez. Sin siquiera mirarme a los ojos levantó lo poco de falda que aún quedaba sobre mis muslos y se abrió paso visual hacia mi entrepierna.
-"Llevas un buen rato lubricando y, si me lo permites, voy a acariciar tu zona íntima para conseguir que llegues al orgasmo por una buena razón, no con una terapia podológica".
-"Sí que me he excitado mucho. No era mi intención mostrar esta lujuria, pero tampoco era consciente de lo que me esperaba con este tratamiento cuando decidí venir". Es lo único que se me ocurrió en ese momento.
-"No te preocupes por eso ahora", me dijo.

¡El tio no se cortó ni un pelo! Ahí donde lo veis, tan callado y circunspecto, resultó ser un moja bragas profesional… Agachó un poco la cabeza para poder ver mi tela empapada entre mis carnes. Estiró uno de los brazos hasta que la mano alcanzó su objetivo. Sabía muy bien lo que hacía, claro. Con toda seguridad era un hombre curtido, no solo en la idiosincrasia de la vida, sino en lo más divino de la misma.

Cuando posó su dedo pulgar sobre la tela, en la zona más sensible de mi ser, no pude evitar dar un saltito en la silla mientras se me escapaba un "ufff". El doctor no pareció escucharme, no se inmutaba, era como si no estuviera ahí, como si me masturbara yo sola con el dedo de un fantasma. Lo movió primero lentamente, siempre sobre la tela, y luego aceleró el ritmo mientras yo movía mi trasero apoltronado de un lado a otro. Mis "uffs" pasaron a ser gemidos más explícitos. Y entonces el doctor clavó su mirada en la mía:

-"¿Te gustan los juguetes, Eva?"

No sé si se refería a los Madelman, lo cual no tendría ningún sentido en el contexto actual, o se refería a los sofisticados artilugios sexuales para conseguir orgasmos cuasi forzados.

-"¿Juguetes?", respondí entre dos gemidos. "Tengo uno en casa, sí".
-"Estupendo, porque voy a usar uno contigo. Me gustaría que no olvidaras nunca esta visita al Podólogo", espetó con una sonrisa cerrada.

Me dio un poco de miedo. No entendí qué quería decir exactamente con "juguetes". Pero, la verdad, estaba ya tan sumamente cachondaza, que por mí como si me quería meter un Scalextric por el chocho.

En ese momento se levantó dejándome a mí ahí con una postura algo ridícula, el pompis en el extremo de la silla, las rodillas separadas un metro la una de la otra, y agarrada con las manos al respaldo. El doctor se dirigió a un pequeño armario sito al lado de su escritorio, y saco de él algo que no pude apreciar bien desde mi posición. Inmediatamente, abrió uno de los cajones de ese escritorio y sacó lo que me pareció el envase hermético de un condón.

Se lavó las manos en una pequeña pila de época que tenía en el rincón del despacho y, al acercarse de nuevo a mi posición empecé a vislumbrar lo que se proponía. El "objeto no determinado" era exactamente un pollón de látex del 20, al menos. Era grande y grueso, lleno de venas simuladas y una cabeza muy bien conseguida. Me quedé sin habla. Pensé que no era un buen momento para decir nada. O me iba a casa en ese preciso momento o me quedaba ahí a "jugar" con Rocco Siffredi. Y me clavé. Mi vista seguía con interés ese objeto inanimado. Y también al pollón. El doctor abrió la funda del preservativo y cubrió el cilindro irregular de la misma forma que se lo pone un follador habitual: habilidosamente.

-"Que no te asuste el tamaño, solo voy a darte placer, no tengo intención de que lo pases mal".
-"¿Pero es algo grande eso, no?" le comenté con cierta preocupación.
-"No olvides que por ahí salen los niños", afirmó el muy capullo.
-"Pero no quiero parir, solo eyacular". No le gustó mucho ese comentario.
-"Tú relájate".

El doctor acercó a mi silla una mesilla baja sobre la que depositó una toalla blanca y el dildo encondonado sobre ella. Se sentó de nuevo en el taburete, justo delante de mí, y me pidió que me levantara "un momento". Así lo hice. Me puse en pie permitiendo que toda mi ropa se recolocara de nuevo por su propio peso. Esa posición erguida hizo que la cabeza del doctor quedara a la altura de mi barriga y, sin prisas pero sin pausas, introdujo las dos manos dentro de mi falda para estirar, por ambos lados, mi ropa interior hacia abajo. El movimiento era tan pausado que estuve a punto de arrancarme yo misma las bragas para empezar con el "tema". Pero en realidad, de eso se trataba. Su morosidad tenía como objetivo mi ascendente excitación. Me deslizó la tela hacia abajo hasta llegar a mis pies. Le ayudé a deshacerme de ellas levantando uno y luego el otro y, cuando las tuvo en sus manos echó una mirada a su interior para confirmar mi extrema calentura. Me enseñó ese pedazo de tela manchado mientras me sonreía con semblante de niño travieso.

-"Has estado mojando un buen rato, por lo que veo".
-"Ya le dije que para mí es inevitable". Justificando esa guarrada de bragas.

Antes de pedirme que me sentara de nuevo, se levantó él para colocar la toalla extendida sobre mi silla. Me pidió que le ayudara a cubrir toda la superficie del asiento, y así lo hice. Se volvió a sentar en su taburete y, levantando mis faldas hasta la cintura, me invitó a sentarme de nuevo.

-"Tienes un chochito precioso", dijo. "Pon una pierna en cada posabrazos, por favor".

El muy cabrón me quería bien abierta. No dudé ni un segundo en obedecer. Con la falda subida y las piernas abiertas, el acceso a mi sexo era total ahora mismo.
-"Menos mal que pusimos la toalla" soltó entre dientes.

Es evidente que yo estaba soltando alguna gota de flujo que acabó, afortunadamente, en la toalla. Me puso la mano en la frente y me reclinó con cariño hacia atrás, apoyándome totalmente en el respaldo de la silla.

-"Ahora déjame a mí"

Enseguida comenzó a acariciar mi clítoris desnudo que, poco a poco se iba hinchando hasta descapucharse del todo. Cuando lo hubo conseguido se centró en mis labios, extendiendo con sus dedos todo el flujo que conseguía de mi cueva. Mientras él invadía mi intimidad más húmeda yo solo podía centrarme en no gemir demasiado alto. Ese frenesí sexual era desconocido para mí. Hasta hoy mismo los tíos solo querían de mí "un buen polvo" y correrse en mi cara, como en las escenas de XHamster. No es que me disgustara ese concepto, pero aquí estaba descubriendo que el placer puede interpretarse de forma muy distinta. El doctor solo se estaba centrando en el mío, y eso me impactó de forma muy positiva.

De vez en cuando, entre gemido y soplido, yo forzaba mi cuello para intentar otear de qué forma este tipo me estaba llevando al Limbo. No conseguía apenas ver nada más que su muñeca. El resto lo tapaba la falda arrugada sobre mi estómago. Lo que sí percibí en uno de esos viajes fue un aroma a sexo que subía irremediablemente hacia mis fosas nasales. No era un olor fuerte, pero olía a sexo, joder. La misma esencia que disfruto cuando me masturbo en casa y me corro en mi mano. Reconozco que me daba un poco de vergüenza pensar que mi compañero de paja reconociera ese olor a coño que, por otro lado, no es que estuviera sucio, sino que desde la ducha matinal no había pasado por enjuague alguno. Y sí por varias meadas. Y claro, la ley de Murphy:

-"Me gusta mucho cómo mojas y cómo hueles, Eva".

Solo se me ocurrió responderle con otro gemido y varios soplidos más. Sus caricias eran cada vez menos sutiles, aportando más fruición. Notaba perfectamente que con el pulgar apretaba mi botón y luego lo deslizaba hacia mis labios calientes y muy lubricados. Luego usaba el dedo medio y el anular para frotarme toda la vulva, haciendo finta de introducírmelos una y otra vez. Pero nunca llegaba ese momento. Yo estaba tan caliente ya que era consciente de un inminente orgasmo. No pude evitar gemir y respirar de forma muy acelerada. No quería descargar aún, pero el doctor sabía muy bien lo que hacía, y el desenlace era inevitable a muy corto plazo.

-"Me voy a correr ya", le solté al tipo no sé cómo, ya que mi respiración era ahora caótica.

Al oírme decir eso, al doctor no se le ocurrió otra cosa que forzar mi llegada penetrándome hasta los nudillos los dos dedos juguetones, haciendo que entraran y salieran de mis entrañas a toda velocidad. Solo pudo hacer tres viajes porque de repente me contraje brutalmente para empezar a eyacular. Durante algunas centésimas de segundo sentí la invidencia con los ojos en blanco, la boca abierta, la mirada al techo, el cuello encogido y una de mis manos atrapando con fuerza el puño del doctor para evitar cualquier movimiento en esos segundos de hipersensibilidad. Los movimientos pélvicos eran eléctricos y yo notaba cómo mi ano se contraía una y otra y otra y otra vez. Parecía no acabar nunca. Ahora puedo decir que jamás había sentido un orgasmo semejante. En ese momento no parecía algo efímero… el placer no quería abandonarme. Pero lo hizo. La mano ejecutora del doctor seguía agarrada por mí con sus dos dedos dentro, y cuando me relajé un poco yo misma se los retiré fijándome atentamente en todo lo que había eyaculado: sus dedos, pero también la palma de su mano, estaban cubiertos por una película viscosa y lechosa que yo misma le había proporcionado en el límite de mi inspiración.

-"Eres preciosa, Eva". Para halagos estaba yo ahora…

El doctor me invitó a depositar mis piernas en el suelo. Estaba tan congestionada que cualquier movimiento me dolía. Se fue a la pila y se lavó las manos con ganas. Hacía el gesto de olerse los dedos y lavarse, olerse y lavarse. Parecía querer eliminar cualquier rastro de lujuria, aunque ésta fuera olfativa. De vez en cuando giraba su cabeza para mirar cómo me estaba recuperando yo, sentada sobre una toalla manchada de esperma femenino.

-"No he acabado contigo aún. No te limpies el coñito, que me gusta así".

Ya me extrañaba a mí que Rocco Siffredi solo sirviera de inspiración.

En ese momento llamaron a la puerta de la consulta con dos golpes secos, e intentaron entrar sin éxito gracias a la pretérita precaución del doctor, que había cerrado con pestillo. Pegué un salto, me arregle la ropa y el pelo como pude y me senté en la silla frente al escritorio del doctor, con las piernas cruzadas y cara de niña buena, como una colegiala en el despacho del director. Él se acercó a la puerta y permitió el acceso del, para mí, desconocido. Se trataba de Jorge, su ayudante y relevo en la consulta. Me presentó y se pusieron a hablar de cosas de trabajo que no entendí ni me interesaban.

-"Bueno, yo me voy ya, que es tarde", comenté con voz titubeante.
-"Espera Eva, te dejas algo", replicó el doctor a mis intenciones.

Joder, el tío había dejado mis bragas y a Rocco sobre la mesita, junto a la silla protagonista de la tarde. Lógicamente, Jorge se percató inmediatamente de la situación. Qué coño hacían ahí unas braguitas y un pollón del 20. No podían ser del tipo de mantenimiento… O sí. Pero, por si hubiera alguna duda razonable:

-"Eva y yo hemos estado experimentando el nivel de excitación que aporta un buen masaje de pies. Una cosa ha llevado a la otra y he hecho que se corra".

Hijoputa… ahora sí que no supe qué decir.
-"Joder, pues es un buen pollón ese", esgrimió Jorge regalando una opinión muy semejante a la mía. Empezaba a caerme bien.
-"Aún no lo hemos usado, pero tenía intención de follármela con eso antes de que vinieras", vomitó el doctor con tono irónico. "Eva, te importa si Jorge se queda mientras acabo contigo esta tarde?"

Me quedé atónita. No me podía creer lo que me estaba pasando. Por un lado me parecía una desvergüenza imperdonable que el doctor me propusiera algo así. Y por el otro reconozco que el morbo del voyeurismo me tira bastante. No tengo porqué estar mirando yo. Ser protagonista de algo así siempre ha sido una de mis fantasías, como hacer un trío con dos tíos, tirarme a un negro o comerme un buen coño. Noté que me estaba poniendo muy perraca otra vez, justo mientras pensaba qué responder a la oferta del doctor.

-"No sé si es muy buena idea, doctor. Lo he pasado muy bien antes y no me gustaría estropear la tarde". Se me ocurrió esta excusa tímida, sin convencimiento.

-"Te aseguro que nada se estropeará hoy, Eva", comentó el doctor, muy sugestionado.

Y Jorge "el ayudante", ahí pasmado, mirándome de arriba a abajo, desnudándome lascivamente con su mirada… Un tipo alto, treintañero, más bien guapetón. Se acercó a mí y me tendió su mano para atraerme hacia él. De cerca estaba más bueno, era algo canoso y tenía una piel muy cuidada. Una especie de metrosexual de gimnasio pero sin tanta cacha. Olía bien. Recién duchado, sin duda. Y perfumado. Llevaba anillo de casado. O sea, no follaba. Se mostró cercano y por encima de las circunstancias, aquellas que a mí aún me tenían ruborizada. Se puso detrás, me apoyó las manos en los hombros y acercó su boca a mi oreja para susurrarme que "estaba muy buena". Yo giré la cabeza hacia atrás para intentar susurrarle también al oído "y tú estás casado". No dijo nada. Se limitó a acariciarme los hombros, desde atrás, los brazos hasta las manos pegadas a mi cuerpo. De allí se abrió camino a mis caderas. Y empezó a moverse como si me quisiera bailar, y que yo le siguiera. Reconozco otra vez que me estaba poniendo muy cachonda. Me resultaba curiosa la rapidez con la que estos dos tipos eran capaces de calentarme. Es algo que nunca me había sucedido antes. Siempre he necesitado mi tiempo para empezar a lubricar y estar dispuesta al sexo físico, pero esa tarde todo lo estaba cambiando.

El doctor debió estar haciendo cosas mientras Jorge me estimulaba a flor de piel, porque cuando abrí los ojos estaba a dos metros de nosotros con el dildo color canela en la mano, como diciendo "mira lo que te está esperando". Esa perspectiva era enervante: por un lado tenía a Jorge acariciándome y bailándome de forma sensual y, por el otro, el doctor le estaba sugiriendo, con la mirada, que me preparara para la penetración de goma. Y así lo entendió Jorge porque enseguida metió una mano bajo mi falda, desde atrás, ahí de pie, para accederme a la entrepierna donde, no solo no halló unas bragas, sino que se sorprendió de lo mojada que estaba. Y así se lo hizo saber a la concurrencia:

-"¿Cómo puedes mojarte de esta forma, Eva?"

No se me ocurrió ninguna respuesta, pero él tampoco la esperaba. Esa retórica era solo para justificar su siguiente movimiento. Me movió hacia una especie de sofá que había en uno de los lados de la sala y, al llegar, me colocó muy suavemente de rodillas sobre él. Como si fuera a follarme como la perra que era en ese momento. Me subió la falda sobre mi espalda y dejó a la vista mi conejo sonrosado e hinchado que una hora antes había escupido el néctar de la pasión. Otra vez me sentía ardorosa y con muchas ganas de un buen polvazo. Pero Jorge no iba por ahí. Se agachó a la altura de mi culo y empezó a lamerme, otra vez desde atrás, repasando toda mi zona, mis dos agujeros, de arriba a abajo, una y otra vez, primero lentamente pero enseguida con gran fruición. Yo no podía contener mis nuevos gemidos. Jorge estaba comiendo mis orificios como nunca antes lo habían hecho. Una vez más "como nunca antes". Vaya tarde…

-"Déjame sitio Igor", dijo el doctor".

"Igor… Jorge en ruso". Tuve tiempo para darme cuenta de eso antes de sentir cómo el "doctorov" planteaba el pollón de goma sobre mi coño. Estando así, de rodillas, sobre el sofá, aunque muy mojada y excitada, se me antojaba una posición poco adecuada para meter ese trasto enorme entre mis carnes. El doctor no pareció entenderlo así y empezó a empujar con mucho cuidado, milímetro a milímetro, moviéndolo sobre su propio eje. Iba empujando sin prisas. Paraba. Empujaba de nuevo y paraba. Así iba conquistando mi cuerpo poco a poco, mientras yo estaba muy atenta a cualquier desgarro imposible. Una concentración que se desvanecía a medida que la fogosidad me embargaba lentamente. La humedad relativa de mis partes permitió que, de repente, la cabeza entrara de golpe, seguida de un gemido fuerte, que nos alertó a los tres. Ya habíamos llegado a la primera estación, pero aún quedaba trayecto. Jorge decidió entonces intervenir quitándome la blusa por la cabeza y desabrochándome el sujetador para centrarse en mis pezones. Sin duda, era consciente de la llave maestra para un orgasmo femenino intenso.

-"Tienes los pezones durísimos", confirmó Jorge desde mi lateral.



Los estuvo acariciando con mucho cuidado y, de vez en cuando, los pellizcaba furtivamente, lo que multiplicaba exponencialmente el deseo de ser totalmente penetrada por el Rocco que manejaba el doctor desde atrás. Y como él no se decidía comencé a moverme yo. Quería follarme ese trasto entero antes de correrme, y así se lo dejé ver al doctor. Pero está claro que no le acabó de gustar que yo manejara el ritmo y decidió, unilateralmente, sacarme a Rocco de dentro y darme la vuelta para ponerme boca arriba en el mismo sofá. Con una mano me levantó una de mis piernas para abrir mis orificios y empezar de nuevo la penetración del dildo canela. Lo presentó en mi cueva y empujó de un solo golpe hasta la cabeza y un poco más. Jorge se agachó a su lado y me levantó la otra pierna para asegurar una apertura total de mis carnes. Mis gemidos eran ahora continuos, y mi respiración volvía a ser abrupta. A cada embestida el pollón salía de mi interior más y más blanco. Mi mirada se centraba en el doctor, pero de vez en cuando echaba un vistazo a mi entrepierna, especialmente cuando noté que ya me quedaba poco para explotar. El doctor notó eso, sintió más resistencia, sabía que estaba a punto.



-"Ya me corrr…"

No pude acabar.

Empecé a temblar, a convulsionarme. La "pequeña muerte" (como llaman los franceses al orgasmo) me había venido de golpe. No pude evitar siquiera que el doctor siguiera dándome una y otra vez, adentro y afuera. Jorge utilizó su corpulencia para contrarrestar mis temblores, que aún no habían cesado. Llevaba 10 segundos corriéndome, joder, y el doctor no paró de follarme con Rocco hasta que solté un chorro enorme que le salpicó en la bata. Enseguida lo sacó y continuó pajeándome con dos dedos en forma de gancho para hacerme chorrear una y otra vez, pero ninguno como el primero. Los demás fueron pequeñas fuentes que dejaron el suelo perdido, pero que no se podían comparar a "la madre de todas las corridas". Así la clasifiqué yo dos días después de aquella tarde extraña, apasionada, agitada, febril.

Fin

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Mi papa y su amigo me violaronCategoría: Violaciones

Por chente | 2014-12-16 22:16:09 | 0 comentarios

lo siguiente sucedio en el transcurso de tres dias.

dia primero;

como cundo tenia yo unos diez de edad un amigo de mi papa iba seguido a la casa a tomar con el,veian tele o escuchaban musica asta que un dia mi mama tuvo que salir fuera por varios dias a visitar a su familia,la primera noche llego su amigo de papa y empezaron a tomar escuchando musica despues de un rato se fueron a ver tele y pusieron unas peliculas,a veces me llamaba mi papa para que les llevara mas cerveza y en una de esas ocasiones me di cuenta que estaban viendo una pelicula pornografica,les deje las cervezas y me regrese a mi cuarto,desde ahi los escucho hablar de mi pero no entiendo lo que estan diciendo asta que mi papa me habla para que les lleve mas cerveza y entonces mi papa me pide que me quede con ellos a ver la pelicula,era de una chavita con dos hombres y los dos le estaba haciendo el sexo turnandose,mientras uno se la metia al otro se la chupaba,me di cuenta que mi papa y su amigo se agarraban el bulto de sas pantalones y me miraban,yo no sabia que hacer asi que seguia mirando la pelicula asta que mi papa me pide que me pare y me llama hacia el donde me coloca entre sus piernas y me levanta el vestido y le muestra mis nalgas a su amigo deciendole,mi hija no le pide nada a esa pendeja refiriendose a la chica del video a lo que su amigo le contesta,pero lo mama y coje como aquella pendeja o no sabe cojer todavia?
mi papa le contesta que no he cojido todavia pero mamar quien sabe,con eso me desviste y ya desnuda le dice a su amigo que se acerque y me la de a chupar,su amigo se acerca a mi,se saca la verga del pantalon y me la ofrece a lo que me reuso pero mi papa me sujeta y me ordena que abra mi boca y le chupe la verga a su amigo,to con fuerza cierro mi boca pero mi papa me cachetea asta que al fin abro mi boquita y dejo que su amigo me meta la verga en la boca y me ordena que la chupe como si estuviera chupando paleta y que me la meta lo mas que pueda,pero siento que me ahogo y cada ves que me la mete profundo en la boca me siento vomitar,cosa que les da risa,despues de un rato de eso mi papa dice que es su turno y me ofrece su verga para que se la chupe,pero yo le digo que no que ya no quiero pero el me vuelve a cachetear asta que yo sola me acerque a su verga y se la empece a chupar como se la chupe a su amigo,despues me acomodaron en el sillon abierta de piernas y su amigo acerco su cara hacia mi rajita y me la empeza a lamber con fuerza y me metia su lengua en my hoyito asta que dijo que ya estaba lista,pero que era justo que mi papa fuera el primero,mi papa se coloco entre mis piernas y froto su verga en mi rajita asta que la puso en la entrada de mi panochita y me dijo que apretara los dientes porque me iba a doler y de un empujon me metio toda su verga,me dolio muchisimo,yo lloraba y le pedia que me dejara,que me dolia,pero el mas se enardecio y se empezo a mover muy rapido,metiendo y sacando su verga de my posito asta que a los pocos minutos grito que se venia y senti que su verga se convulsionaba y algo liquido llenaba mis entranas,saco su verga de mi y me miro,vio mi destrozada panochita y me dijo que ya era mujer,despues le toco el turno a su amigo,tambien de un golpe me metio su verga ,me dolio y grite llorando que me dejaran que ya estaba lastimada,que por favor me perdonaran y me dejaran ir,pero el como mi papa se enardecio mas con mis quejas de dolor me dio verga mas fuerte asta que senti que me desmayaba,esa vez los minutos se me hicieron eternos y senti que me habian violado por varios dias sin parar asta que los gemidos del amigo de mi papa me hicieron raccionar y otra vez senti como esa verga se inchaba antes de convulsionarse y soltar ese liqido blanco dentro de mi,me saco su verga y ya entre los dos me miraron tirada ya en el piso sin fuerzas y de una patada mi papa me dice que me levante y le largue a mi cuarto,adolorida y casi sin poder caminar me fui a mi cuarto cerrando la pueta tras de mi y echandole seguro,esa noche me dormi llorando preguntandome porque mi papa me habia hecho eso,porque no le bastaba el haberme violado sino que tambien permitio que otro hombre me violara mientras el miraba.

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LA ESTATUA (El semen que lubrica la ciudad)Categoría: Gays

Por gonzo | 2014-12-16 21:10:13 | 0 comentarios

Llego a una banca de la plaza, ahí me siento a descansar cómodamente. En eso llegan unos chicos y se sientan en la banca de enfrente, risueños y juguetones no paran de hacer bromas entre ellos, por su lozanía imagino que aún no debieron haber terminado el secundario. Y en forma burlona charlaron de la siguiente manera:

- Así me lo he dejado, aún estaba parado y su borde seguía lechoso. Pronuncio esas palabras mirando entre sus piernas.
- Deberías de seguir.
- No, para qué. Carcajearon, se levantaron y se fueron bromeando.

Poco más de un rato, llamaba la atención, y no sólo la mía sino de cada transeúnte, otra escena alrededor de la fuente, propiamente entre las estatuas de bronce que decoraban la plaza. Otros dos muchachitos mucho más jovencitos que los anteriores, se encontraban jugando en uno de los leones de bronce.

El más burlón de los dos ya se había montado encima de la estatua poniéndole encima su regordete culo, en tanto que el otro, entre las gradas que dan a esa esfinge, le estaba mirando precisamente eso.

El burlón encaramado encima del león, levantaba el culo y se lo meneaba al otro en dirección a sus ojos, se lo arrimaba en son de juego para que se lo viera justo en medio, con las nalgas bien separadas. Mientras que el otro, sin quitarle los ojos de en medio del culo, se iba tocando el miembro de tal modo que en poco ya lo tenía bien rígido.

Hasta que no se aguantó, y subiendo los escalones con una agilidad felina, embistió y metió la cara en medio de las nalgas del burlón; y éste dejo que se mecieran sus nalgas a los costados a merced de la embestida que el otro le estaba haciendo. Grandes y chicos nos quedamos a apreciar el espectáculo, cual si se tratara de un show circense de dos cirqueros callejeros.

En eso, viendo y sintiendo orgullo de que todos los vieran, el burlón agarro al otro por la nuca con una mano y se lo metió más en el culo, y cabalgó, y hasta relinchó acomodado encima de la estatua con la quijada apoyada en la mollera del león, su pecho pegado en la melena de esa bestia de bronce, las rodillas temblorosas pegadas a los costados, la espalda bien erguida y el culo apuntando hacia afuera, para que el otro se lo siguiera humedeciendo con la lengua.

Pero luego el otro también se levantó y se acomodó para montar la bestia de bronce por detrás del burlón, agarro a éste entre sus brazos, lo abrazo pegando su pecho con la espalda de éste. Y exponiendo su gran miembro crecido, con furia de jinete embistió al burlón por el culo haciéndole lanzar un grito que se escuchó en toda la plaza, empezó a jinetear dominando a voluntad el culo en el que había estado metido antes de rostro entero. Tenía al burlón aprisionado entre sus brazos y los dos jinetearon encima de la estatua de la plaza.

Jinetearon y jinetearon hasta que sus gotas de sudor cayeron sobre el bronce haciéndolo brillar con el sol, brincaron encima del león como bestias y en medio del calor de sus embestidas se los oyó gemir, agitarse hasta quedar sin aliento y jineteaban aún más, como maquinas sincronizadas en la fricción de sus cuerpos, se batían uno detrás del otro y copulaban, sus miembros comenzaban a lanzar chorros de semen sobre el bronce dejándolo salpicado de gotas blancas, chorreaban aun encima de sus cuerpos y no dejaban de jinetear. Y aquello no acabo sino hasta que quedaron exhaustos encima de la estatua, totalmente relajados.

Luego todos los que ahí habíamos disfrutado del espectáculo, grandes y chicos, procedimos a retirarnos uno a uno, lentamente a continuar nuestro recorrido.

Si quieres leer completo éste y otros lujuriosos relatos incluidos en mi libro digital: “El semen que lubrica la ciudad” escríbeme a mi correo: ellibrodegonzo@gmail.com

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